Hay despedidas que no necesitan un escenario. Solo el lugar adecuado, las personas que han compartido el camino y la mejor forma de dar las gracias.
Por eso quisimos sorprender a Luis Carlos Cordero de una manera muy especial. Y no había un lugar mejor que la Ermita del Rocío, ante la Virgen a la que tantas veces nos enseñó a cantarle.
En la tarde del pasado miércoles 8, poco antes de comenzar la Santa Misa de las 20:00 horas, nos reunimos discretamente en uno de los laterales del templo. Él no sospechaba absolutamente nada.
Cuando cruzó la puerta de entrada comenzaron a sonar nuestras voces interpretando varios de los temas compuestos por él mismo. Era nuestra forma de devolverle, convertidos en oración, tantos cantes que durante estos once años nos ha regalado y enseñado.
Como broche final interpretamos la Salve, uniéndose él a nosotros en un momento cargado de emoción que difícilmente podremos olvidar.
Después, junto a la marisma, llegó el momento de entregarle un pequeño recuerdo en nombre de todo el Coro. Entre ellos, un precioso cuadro realizado a mano por uno de nuestros compañeros, con el rostro de la Virgen del Rocío, un detalle lleno de simbolismo que, estamos seguros, ocupará un lugar muy especial.
No fue un homenaje preparado para un director, fue el abrazo sincero de una familia que quiso decir gracias de la mejor manera que sabe hacerlo: cantando a la Virgen.


